Colaboradores

10 Jun 2017
Colaboradores | Por: Daniella Castro

Con castigos no aprendemos

Multas y planes severos son las apuestas que el Gobierno ha tomado para reducir el número de accidentes y muertes por la imprudencia de los conductores. Sin embargo, las estadísticas reflejan la poca aceptación que, como ciudadanos, tenemos ante este tipo de estrategias.

Desde el pasado 20 de junio del 2016, los salvadoreños han tenido que circular por las carreteras con mayor precaución y respeto por el Reglamento de Tránsito. A primera hora de la mañana, las autoridades del VMT y PNC ya tenían la orden de poner en práctica el Plan Cero Tolerancia. Esto con el fin de gestionar de manera eficaz el tráfico del país para reducir el índice de accidentes viales; ahora, casi un año después de esta implementación, se nota que las medidas severas y multas impuestas no generan un cambio de comportamiento en los conductores salvadoreños.

Las cifras hablan por sí mismas, la población no cumple con las normas de tránsito a partir de medidas dirigidas a reprender. Durante el 2012, se aumentó el monto de las infracciones desde $11.43 a $57.14, dependiendo la gravedad de estas. A diferencia de lo que se esperó, las muertes por accidentes no bajaron y para saberlo basta con comparar los 445 fallecidos en el 2014 a los 494 casos en los primeros cinco meses del 2015, según estadísticas de la Subdirección de Tránsito de la PNC.

La cultura vehicular que nos caracteriza como conductores normaliza cualquier tipo de infracción, desde leves hasta graves. Cruce de líneas amarillas, sobre pasos indebidos o ignorar el semáforo son acciones que, día con día, le cuestan la vida tanto a conductores como a peatones. Según datos oficiales del VMT, en el país se registran 60 accidentes de tránsito diarios en lo que va del año y ni siquiera hemos llegado a la mitad del 2017; estas cifras dan la sensación que la cantidad de muertes podría sobrepasar a las 1 mil 208 del año pasado. Es claro que las autoridades deben de replantearse los planes que implementan, si es que quieren recibir una respuesta positiva.

Y en lugar de promover una cultura de castigo, se deberían inclinar más bien por prevenir. Esto ya lo implementó el gobierno de Suecia con talleres y clases logró reducir la problemática, ahora tienen 28 muertes por cada millón de habitantes;  una cantidad mínima a comparación de los 18.6 fallecimientos por cada cien mil habitantes de El Salvador, según la PNC. Actualmente, han existido iniciativas en el país donde educan a los niños sobre el tema desde niveles de primaria, sin embargo no se ha visto que les han dado seguimiento o la importancia que se merece.

El primer paso ya está hecho, pero aún falta la parte más importante: mantener la constancia en acciones que estén destinadas a la comprensión y aceptación de las leyes de tránsito. El Gobierno tiene la responsabilidad de asignar, al menos, un presupuesto fijo para mantener este tipo de enseñanza, pero no es suficiente si esta iniciativa solo se consigue una vez cada año. Es cuestión de inculcar esta educación desde edades tempranas y de una forma, si es posible, periódica. Y, por medio de esto, lograr que lo “normal” sea cumplir y respetar la ley, no el pago de multas acumuladas.

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