Colaboradores

1 Jun 2013
Colaboradores | Por: Ricardo Velásquez

¿Competir con la ineptocracia?

Traveseaba el Facebook, buscando ideas ajenas para hurtarlas, hacerles reingeniería inversa y venderlas como propias, cuando encontré un concepto innovador para mi diccionario mental.

Estar permanentemente conectado con la diversidad de pensamientos que nos rodean es una maravilla para quienes disfrutamos el hábito de proponer, crear y, por supuesto, desbaratar obsolescencias. 

Un respetable amigo de mi familia materna, tenía adornado su estatus de esa red social con esto:  

Ineptocracia (in-ept-o-cra-cia): Un sistema de gobierno en el que los menos aptos para liderar son elegidos por los menos capaces de producir, y en el que aquellos miembros de la sociedad menos capaces de sustentarse a sí mismos o de triunfar son recompensados con bienes y servicios procedentes de la riqueza que le ha sido confiscada a un número cada vez menor de productores.” (sic)

Como es usual en esas manifestaciones polémicas de estatus, con más de 30 “Me gusta”, se armó la chorrera de comentarios, desde el “Te lo copio”, hasta la consulta de si hay alguna manera legítima de aunar esfuerzos.  Esas son las reflexiones que me encantan. Y sí, por supuesto que hay maneras legítimas de aunar esfuerzos. Pero permítanme proponerla como conclusión. Antes quiero relatar otra anécdota que pude amarrar con estas ideas.

Me invitaron hace poco a una congregación cristiana, para escuchar el testimonio de una misionera que ha estado predicando el evangelio en India. Y sin que entremos a prejuzgar qué religión es la que yo profeso o por qué sistema de creencias me decanto, hubo un momento de su homilética en el que estuve a punto de levantarme para interrumpirla. Parafraseándola lo mejor que recuerdo, la mujer dijo:

Mi padre tiene años de servicio en el ministerio y una vez le ofrecieron una candidatura de alcalde municipal. Pero mi padre dijo que no se iba a rebajar en un puesto de funcionario político, cuando era un ministro de los más altos propósitos celestiales.”

Ahí es donde me exaspero, porque de qué sirve ponerle tanta pasión, investigación y argumentación a mis opiniones, retando a los cultos, los bien intencionados y los capaces, a involucrarnos en posiciones de relevancia si luego vienen unos líderes de las instituciones formadoras de ética, moral y principios, a satanizar el servicio público laico.

 

¿Acaso no han leído que José, Daniel, David, y otros reyes bíblicos eran políticos?

  

Prácticamente, competir con un inepto es más fácil que pegarle a un bolo. Solo es cuestión de que la mayoría involucrados en la cosa pública sean valiosos para que los típicos oportunistas, demagogos y sin vergüenzas parasitarios se vayan quedando solos, en la ganga de prometer la tierra donde fluye leche y miel, a costa de los que se esfuerzan por doble cuenta pero no se involucran en las altas decisiones nacionales, porque eso significa “rebajarnos.”

¿No se dan cuenta de que el corrupto gana por montonero, trabajando con unidad, mientras los honestos estamos aislados y dispersos en esfuerzos nobles pero con desperdicio del talento?

Han sido los ineptos los que han logrado figurar en posiciones de relevancia. Pero les garantizo que somos más los capaces que habitamos este país de la resiliencia.

Los vemos a diario, rebuscándose el trabajo, estirando el presupuesto, reinventando sonrisas, alimentando tiernos, honrando viejitos, enamorando a la mujer digna, defendiendo la vida. En ese remanente de buenas hijas meritísimas de El Salvador, descansa mi fe, de que sus hijos nacieron para este tiempo. Que nadie menosprecie su entusiasmo, sus ideales y sus inquietudes. La experiencia debería recordar su valía.

Me gustó muchísimo el antecedente del MedioLlénate. Esa es la manera de forzar el verdadero cambio. Una vez subidos en la tarima, bajemos de un empujón a los corruptos y a los ineptos. Los jóvenes ya tomamos la iniciativa. ¿Quién más se anima?

 

 

*Colaborador de MedioLleno

 

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