Colaboradores

20 Ene 2018
Colaboradores | Por: Zarko Pinkas

Como reconocer el extremismo de izquierda

Hace un tiempo atrás, me di la tarea de enumerar las características del fascismo. Esto quedó plasmado en un artículo: Cómo reconocer el fascismo. Después con el surgimiento de regímenes como el chavismo me interesó el extremismo de izquierda, que puede ser igual de peligroso para el desarrollo de nuestro humanismo.

  1. La dictadura disfrazada de democracia

Todo grupo de extrema izquierda siempre buscará llegar al poder, utilizando los medios que permite el modelo democrático como el sistema de partidos, electoral, libertad de expresión y libertad de pensamiento. Queda claro que estos regímenes usan la democracia para implementar una agenda totalitaria al buen estilo de la dinastía de los Somoza en Nicaragua (1934-1979), usando procesos de elecciones fraudulentos y dejando de cumplir los requisitos de una poliarquía. Que se den procesos de elección, no significa que se viva una democracia plena. El extremismo no puede vivir en un sistema democrático, pues su esencia es totalitaria y cuando son gobierno no pueden afrontar una oposición, y menos la crítica de otros sectores de la sociedad.

  1. Justificación del terrorismo

El extremismo de izquierda justifica el terrorismo yihadista y trata de bajarle impacto a cada atentado. La razón se debe a que estos grupos tienen el mismo discurso de odio contra los enemigos históricos de los yihadistas, como son EE.UU. e Israel. Siempre usarán la táctica argumentativa que la culpa total del terrorismo es por abusos cometidos por “Occidente” contra los países, o contra los musulmanes; lo cual es falso, pues los conflictos violentos entre sunitas y chiitas llevan siglos.

Su miopía los lleva a centrar su análisis básico en un solo factor, siendo el fenómeno del terrorismo algo multifactorial. En las redes, se leen comentarios justificando con frases como: “La CIA creó los grupos terroristas y el sionismo los usa”. Cuando se dan ofensivas como en el caso de bombardeos contra bases terroristas de Hezbolá, ISIS, Talibán o Al Qaeda, estos grupos son los primeros en pedir respeto de los derechos humanos de estos criminales, pero no de las víctimas de ellos.

  1. Falta de memoria histórica

La extrema izquierda siempre ha buscado mostrarse como la abanderada de defensa de los Derechos Humanos, pero la realidad que ese papel no les queda. Los mayores genocidios y crímenes contra la humanidad han sido cometidos por regímenes comunistas, a los cuales estas personas rinden total y fanática veneración. Stalin, Mao Zedong, Pol Pot y Ceaușescu, por mencionar algunos, impusieron dictaduras donde se exterminaron y se persiguieron a miles de personas.

En este sentido, hay que recordar que el homosexualismo era visto como una enfermedad social producto de la decadencia de “Occidente” bajo el régimen comunista de la URRS y sus países satélites; quienes eran perseguidos e internados para “curarlos”.  Algo que los seguidores de estos símbolos del extremismo de izquierda niegan o justifican aduciendo que esas acciones eran en nombre de su revolución.

  1. La “banalización” de los clichés

Todo grupo de extrema izquierda está conformado por varios tipos de personas. La mayoría niegan ser comunistas por obvias razones, ya que el colapso de la URSS y Europa Oriental dejó un trauma en su memoria histórica, que todavía se niegan a aceptar. Muchos se rebautizan con nuevos nombres, pero siempre la retórica extremista los desenmascara.

Cuando se escucha a un extremista, las palabras comunes son: “el imperio”, haciendo referencia a Estados Unidos; “la burguesía”; “la revolución”; “golpe de Estado”; “el sionismo”; “el enemigo del pueblo”; “el ataque fascista” y, de esa forma, construyen su realidad semántica sacada del baúl de los recuerdos de Hugo Chávez y Fidel Castro. Un buen ejercicio para reconocer esto es tomarse el tiempo de escuchar los discursos del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro.

Los extremismos ideológicos son un verdadero peligro para aquellos que buscamos movernos en la moderación y como librepensadores. El extremismo es el culpable de la pérdida de confianza en la democracia y de su decadencia actual.

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