Colaboradores

24 Jun 2013
Colaboradores | Por: Carlos Mena

Caminando de espaldas

Durante toda mi vida he escuchado frases como: “Los que olvidan el pasado están condenados a repetirlo” (Jorge Santayana) y “No perdamos nada del pasado. Sólo con el pasado se forma el porvenir” (Anatole France). Son frases muy profundas  y en definitiva muy ciertas;  pero creo que también son muy malinterpretadas o mejor dicho manipuladas.

Cuando veo el plan de estudio de algunas materias del sistema educativo de nuestro país no veo más que la mala aplicación de estos —pudiéramos decir— principios de vida; veo que tratamos deliberadamente de  pasar viejos rencores a las nuevas generaciones.  Nos esforzamos por recordar hechos terribles de nuestra historia, como la masacre del treinta y dos, pero no con el afán de aprender de ellos sino de marcar la mente de niños y jóvenes con resentimientos que no les competen.

Pudieran decir que es sólo la percepción de un columnista novicio, pero si es así ¿Por qué es tan popularmente conocida dicha masacre pero pocos saben quién es  José Gustavo Guerrero? Para los que no lo saben José Gustavo Guerrero fue un salvadoreño, a mucha honra, que fue el primer presidente de la Corte International de Justicia de la Haya y presidente, elegido por unanimidad, de La Liga de las Naciones, organización que precedió a la ONU. ¿No les parece que la historia de este ilustre personaje pudiera cambiar la percepción de los jóvenes respecto de los frutos del esfuerzo y la dedicación?

Nuestro sistema educativo está basado en un modelo obsoleto de la revolución industrial, en el que las universidades y colegios trataban de proveer obreros para las crecientes necesidades de la  industria.  En el camino, la imaginación y creatividad inherente en todo ser humano se veía coartada. Me parece que esto ya es suficiente daño como para que encima tratemos de hacer que nuestros niño se apropien de nuestras raíces de amargura.

Estamos caminando de espaldas y por lógica nos es imposible ver lo que esta adelante, que es nada menos que nuestro futuro. Al hacer que nuestros niños y jóvenes vivan los resentimientos pasados, no ignoramos un futuro mejor, sino que lo matamos.

Quizá pudiéramos iniciar acompañando la historia con frases igual o más sabias que las primeras, como la de Winston Churchill: “Si el presente trata de juzgar el pasado, perderá el futuro”; y la de Harold Macmillan: “Deberíamos usar el pasado como trampolín y no como sofá”.

Nos es necesario dejar las viejas raíces y crear nuevas, quizá nosotros no veamos los frutos, pero nuestros hijos, nietos y bisnietos sí los verán y nos los agradecerán. Dejarán de hablar tanto en las escuelas y universidades de la masacre del treinta y dos y hablarán de la revolución educativa de la década del 2010 al 2020 que cambio el curso de una nación y dio al mundo hombres y mujeres de bien, con visión, creatividad y valores más altos.

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