Colaboradores

26 Feb 2016
Colaboradores | Por: Rodrigo Alvarez

Buenos días, El Salvador

Ser salvadoreño es más que haber nacido en El Salvador, es tener como guía a Dios en nuestra búsqueda por la Unión para alcanzar la Libertad. En cada salvadoreño hay un héroe inmortal que sabe mantenerse a la altura de sus valores y que nunca desmaya en su innata bravura, enfrenta con fe inquebrantable el camino del progreso para conquistar un feliz porvenir.

Quisiera primero disculparme por interrumpir su rutina diaria, su seguridad familiar inexistente y la poca tranquilidad de la monotonía con los que cada uno de ustedes vive en este magnífico pulgarcito llamado El Salvador. Espero que juntos podamos tomarnos unos minutos de nuestro ajetreado día, que al parecer no tiene nada de diferente al anterior, para sentarnos a dialogar sobre nuestra Patria y lo que nos hace ser salvadoreños.

Mientras en El Salvador se combate violencia con más violencia, parece que nadie está interesado en dialogar, ¿Por qué? porque mientras pueda utilizarse la fuerza ¿Para qué el diálogo? En El Salvador menospreciamos el poder y significado que tienen las palabras, palabras que hacen posible que algo tome significado y, si se escuchan, enuncien la verdad. Y la verdad es, que en este pulgarcito, algo va muy mal, ¿¡Qué no!? Crueldad e injusticia, corrupción, violencia e intolerancia. (Alan Moore 1988)

Antes, los salvadoreños teníamos la libertad para pedir cuentas, para pensar y manifestar lo que se pensaba. Ahora, parece que nos hemos convertido en una sociedad sumisa, conformista y acomodada a vivir con los problemas que a diario nos afectan.

Vale la pena preguntarse ¿Cómo fue que llegamos a esto? ¿Quién es el culpable? Bueno, sí es cierto que unos son más responsables que otros y en su momento van a tener que rendir cuentas. Pero basta que cada uno de nosotros nos veamos en un espejo para encontrar al verdadero culpable. Sé por qué lo hicimos, yo sé que tuvimos miedo. ¿Y quién no lo tuviera? Después de una guerra, violencia en las calles, enfermedades, desastres naturales, ha habido un acontecer de problemas que han conspirado en nuestra contra para corromper nuestros sentidos y nublarnos el sentido común.

Y es por esto que hoy quisiera preguntarte a ti lo siguiente: ¿Habremos perdido la esencia de lo que es ser salvadoreño? Permíteme recordarte, en unas cuantas palabras, lo que es ser salvadoreño y luego te contestas a ti mismo.

Ser salvadoreño es más que haber nacido en El Salvador, es tener como guía a Dios en nuestra búsqueda por la Unión para alcanzar la Libertad. En cada salvadoreño hay un héroe inmortal que sabe mantenerse a la altura de sus valores y que nunca desmaya en su innata bravura, enfrenta con fe inquebrantable el camino del progreso para conquistar un feliz porvenir.

Ser salvadoreño es más que las ideologías políticas radicales con las que tenemos que vivir el día a día, ideologías que lastimosamente han perdido de vista lo más importante, defender “la tierra que nos sustenta, la familia que amamos, la libertad que nos defiende, la religión que nos consuela,” como escribió el doctor David J. Guzmán en 1916. Estas ideologías que han perdido de vista la defensa de la patria, patria que la hacemos cada uno de nosotros que nos hacemos llamar salvadoreños. Más que políticos lo que todos los salvadoreños necesitamos es esperanza, oportunidades y paz.

Quisiera recordarle a cada uno de ustedes que está leyendo este artículo que en El Salvador antes de cualquier ideología, religión, clase social, primero somos salvadoreños y eso nos vuelve a todos iguales. Si bien es cierto que siempre habrá diferencias y realidades distintas, debemos luchar y trabajar juntos de la mano para hacer un mejor El Salvador para todos los salvadoreños.

Sé que no hago honor en estas pocas palabras a lo que nos define a cada uno de nosotros como salvadoreños, pero mi idea es sembrar una semilla en el corazón de cada uno de ustedes, una semilla de fe, esperanza, confianza y perseverancia para jamás dejar de luchar por nuestra libertad. Ahora bien, será tu responsabilidad alimentar esta semilla, cuidarla y finalmente cosecharla para que los frutos provenientes de ella sean los que esta patria necesita.

Todavía estamos a tiempo de abrir los ojos y cambiar la realidad de nuestro pulgarcito. De no ser así y continuar con una postura sumisa, conformista y acomodada nosotros mismos seremos testigos de la muerte de nuestro El Salvador y consecuentemente del futuro de nuestras generaciones.

Mi esperanza con este diálogo es recordarles, a cada uno de ustedes, que la justicia, la igualdad y la libertad son algo más que palabras vacías, son metas alcanzables. Recordarles que cada uno de nosotros somos responsables de defender nuestra Patria Sagrada sin descanso a su bien consagrar.

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