Colaboradores

12 Nov 2017
Colaboradores | Por: Moisés Escobar

Bitácora sin itinerario

“La receta tradicional contra la corrupción es la separación de poderes, junto con una prensa independiente. Lo que realmente importa es la calidad de la gestión de los bienes públicos, y se debe aislar los bienes estatales de las manos de los políticos”.

-Andrés Oppenheimer

Desgloso mi reflexión, aplicado a El Salvador:

1) Que exista la separación de poderes. Hemos tenido y tenemos un ejercicio abusivo de algunos organismos e instituciones del estado, desde el poder ejecutivo queriendo controlar al sistema judicial y de justicia, a la Asamblea Legislativa queriendo imponer, y boicotear al Órgano Ejecutivo y dejando débil e inoperable al sistema de justicia.

Mientras que, un sistema de justicia adulterado por malos funcionarios que han permitido injusticias, corrupciones, encubrimiento de delitos y de transgresores, blindaje del corrupto y de la corrupción; y así todos los entes del estado de alguna manera han podrido la institucionalidad y a las instituciones, metiendo funcionarios corruptos e incompetentes, robando, tergiversando, malversando, etc.

Todo esto, a tal manera de un funcionamiento negligente, mediocre o inservible del gobierno, que arremete contra la población y favorece a unos pocos empoderados, hundiendo a las grandes mayorías en las pobrezas.

2) Una prensa independiente. Igual que en lo anterior, se tienen sistemas de medios, multimedia y otros esfuerzos de comunicación, que en su mayoría obedecen a intereses particulares. Debido a esto, malversan la noticia, confunden, desinforman, mueven una “prensa amarillista”, que hace sucumbir a las grandes mayorías en ideologías e ignorancias, que solo favorecen a los que financian y pagan la cuota de este nuevo poder institucionalizado.

3) Independencia entre los bienes y los funcionarios públicos. Tal como los dos numerales anteriores, ha existido una malversación del Estado. Actualmente, existe la nueva “burguesía gubernamental”, este término lo acabo de acuñar yo. En El Salvador, ahora vemos a “funcionarios públicos con más pisto, dueños de grandes capitales y dirigiendo corporaciones empresariales”, que a ojo de buen observador “un salvadoreño de a pie, tardaría dos vidas y mil años para lograr todo eso”.

Aunque esto no es de hoy, encontramos acaudalados que comenzaron “sin cinco” y terminaron “podridos en billetes”, desde generaciones de antaño. El funcionario público en mucho y quizá en sus mayorías, ha usurpado el bien común, para sus propios intereses. Pero lo vemos a todo nivel, desde el colaborador común, que barre, limpia y gana el mínimo, que logra “agarrarse lo que puede”, hasta el gran funcionario, aunque este otro, no solo agarrar lo que puede; sino, hasta lo que no puede “mañoseando todo”, como refieren algunos medios y en algunos lugares en el país.

Mi título “bitácora sin itinerario”, viene desde hace muchos años, porque es una antítesis, primero porque bitácora es un plan de coordinación, itinerario es la hoja de ruta. Aunque ambos términos vienen significando lo mismo, cuando se interpone la preposición “sin”, ya implica que ambos términos son excluyentes, algo así como “ya se tiene todo lo que hay que hacer, pero no se hace eso que se tiene que hacer”.

Y es que esto ocurre en la política, sea nacional o extranjera, y en tantas otras cosas de la vida del ciudadano común y de las naciones, y las instituciones, todos sabemos cuál es el “camino correcto”, pero pocos, o ninguno, seguimos el camino correcto”. Esto no es por ignorancia, al menos no en la mayoría de las veces, pero si es cuestión de intereses superiores y particulares.

“Yuntas desiguales no jalan parejas”, no podemos tener gentes con intereses privados, en puestos públicos, porque como lo dijo Jesús, “nadie puede servir a dos amos a la vez”, dejará a uno y optará por el otro (parafraseando a Mateo 6:24).

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