Colaboradores

17 Ene 2015
Colaboradores | Por: Mishelle Linares

Año nuevo, diputados nuevos

Nos merecemos una Asamblea Legislativa honorable y capaz; es nuestra responsabilidad depurarla y construir una de calidad.

“Año nuevo, vida nueva” es un cliché que todos hemos dicho y establecido como meta algún 31 de diciembre. Pero para tener una “vida nueva” necesitamos vivir diferente, eliminar lo malo y empezar a hacer los cambios que requerimos para mejorar. Aunque hayan pasado ya algunos días del 2015, no es tarde para fijar buenos propósitos y trabajar en ellos.

Nuestras decisiones deben mejorar en todos los aspectos, incluyendo en política, pues aunque algunos pretendan que no les importa, la política sí influye en nuestras vidas. Las decisiones que tomemos con respecto a los funcionarios públicos, determinarán cómo viviremos mañana, como en realidad cualquier decisión lo hace. Citando a Qiu Xiaolong, “al fin y al cabo, un hombre es solo lo que ha decidido hacer o no hacer.” Uno de los propósitos que me fijo cada año es tratar de hacer algo por mi país, cualquier cosa, pero que sume y construya. En realidad todos los ciudadanos deberíamos hacerlo porque podemos. Dando una pequeña idea, nuestro voto puede construir o destruir nuestra patria; por eso es una decisión primordial y tenemos que ser conscientes y responsables al momento de ejercerlo.

Es indispensable reconocer nuestra importancia como ciudadanos. Nuestra opinión pesa porque tenemos un derecho que nos empodera y permite escribir una mejor historia. Si nosotros mismos no nos creemos agentes de cambio, jamás lo vamos a ser. También debemos empoderar a los demás difundiendo este derecho al ejercicio del sufragio y a la libertad de expresión,  porque con el debate sano y la tolerancia podemos construir una sociedad con más criterio que nos lleve al progreso.

En este inicio de año electoral y en plena campaña, la toma de conciencia sobre la importancia del voto es crucial. En el caso de los diputados que buscan reelección, el voto premia o castiga, como afirmaba David Lloyd, “la papeleta es un puñal de papel”, pero solo funciona como herramienta cuando sabemos usarla. El hecho de que tengamos nuevas opciones en la política no significa que vamos a desechar a todos los diputados actuales. Significa que vamos a mantener a quienes nos han representado correctamente y, como el sentido común nos indica, eliminar a lo que no sirve sino que estorba y hace daño.

A quienes no han hecho bien su trabajo y olvidaron de los intereses de los salvadoreños suplantándolos por personales, se les debe reemplazar por nuevas caras, cargadas de propuestas y ganas de trabajar. Las opciones son muchas: abogados, médicos, economistas, docentes y otros más que demuestran su capacidad e incentivan a participar en los comicios.

No debemos temer a la renovación, por el contrario, debemos tener el valor de votar con sensatez y frente a las urnas recordar las pocas buenas propuestas concretas entre tanto ruido publicitario. En ese momento, no olvidemos hacer memoria de las buenas acciones, pero tampoco olvidemos los errores grandes como el despilfarro, la aprobación de más préstamos, madrugones, los atentados a la institucionalidad, entre otros.

De esta forma hacemos la mezcla perfecta entre la renovación necesaria junto a la experiencia premiada por el buen desempeño. Hagamos algo por el país. Nos merecemos una Asamblea Legislativa honorable y capaz; es nuestra responsabilidad depurarla y construir una de calidad, aprovechemos aunque sea como excusa este 2015 para mejorar y decir ¡año nuevo, diputados nuevos!

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