Colaboradores

19 Ago 2017
Colaboradores | Por: Diana Chavéz

Agentes de cambio

A finales de julio, Techo El Salvador hizo su colecta anual para la construcción de nuevas casas en una de las comunidades más necesitadas del país. Como parte de esta organización, me vi involucrada en este evento una vez más y como siempre, la experiencia no puede ser más enriquecedora. Pero, el punto de esta nota no es hablar acerca de la satisfacción personal que deriva de participar en los programas de voluntariado, porque me expongo a que mis ideas y convicciones no sean entendidas por todos los lectores, más bien me gustaría hablar sobre cómo muchas personas perciben el trabajo voluntario.

“Deberían conseguirse un trabajo verdadero”, “yo no veo que hagan algo”, “piden dinero por gusto, porque siempre se lo roban”, estos y muchos comentarios son más comunes de lo que nos gustaría creer, pero personalmente no puedo culpar a la gente. Es decir, vivimos en un país en el que los funcionarios gubernamentales nos roban en las narices, con altos índices de criminalidad en el que a diario te asaltan a plena luz del día y las instituciones son una estafa.

Claro está que la gente se acostumbra a que todos aquellos con una pizca de poder pueden aprovecharse de los demás, y que todo el trabajo realizado no es completado por la corrupción, incluso en las organizaciones que trabajan con fines altruistas.

La desconfianza que transmiten aquellas organizaciones que trabajan para sus propios beneficios, opacan la efectividad de aquellas que sí trabajan por la gente. Cabe resaltar que también estamos expuestos a que más de alguna persona con fines inmorales querrá aprovecharse de esta situación, pero si nos colocamos bajo esa excusa nos quedaríamos varados sin hacer nada, pasivos ante lo que pasa y quejándonos por la situación social en la que vivimos.

A pesar de las críticas, acciones mal intencionadas de la gente ante lo que hacemos y la forma denigrante de referirse ante las obras comunitarias, solo deben servir como motor para no parar, para seguir siendo agentes transformadores de una realidad arruinada; demostrarle a los que juzgan que somos distintos y que sí queremos un cambio, y que depender del gobierno es solo una ilusión, o una excusa baratísima para no hacer nada por nuestro pueblo.

Si alguna vez mira un voluntario, antes de criticar, mejor pregunte acerca de qué trata la organización y qué es lo que hace. Es bastante sencillo juzgar aquello que se desconoce, pero cuando aparece una oportunidad para ayudar, sorpresivamente nadie puede, todos están ocupados o no tienen tiempo.

Así que le invito a que pueda ver las obras de aquellas instituciones que sí hacen su trabajo y cómo han transformado la vida de miles de personas, porque al final ese es el objetivo que se quiere cumplir como voluntario: ayudar a las personas sin distinción alguna y crear así una realidad diferente de la que estamos acostumbrados.

Y lo mejor de todo, la recompensa que se tiene es el bienestar del prójimo y en donde el dinero no puede comprar la felicidad, y el valor de la alegría de la gente a la que ayudamos.

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