Colaboradores

1 Mar 2014
Colaboradores | Por: Carlos Alejandro Morales

A veces parece que los partidos políticos no quieren ganar

Realmente considero que es un poco difícil definir cuándo comienza una campaña política en nuestro país, o probablemente sea más difícil definir cuándo termina, aunque a estas alturas estoy comenzando a imaginar que es algo que será parte de nuestro diario vivir hasta el fin de los días. Ver a un grupo u otro tratando de obtener la confianza de un país para que les permitan llevar las riendas de toda una nación. Pero conforme el tiempo avanza, parece ser que quienes se dedican de lleno a la política, no importando cuánto tiempo lleven en ese ámbito, no aprenden nada y, aun peor, parece ser  que lo realizan como una tarea autónoma a tal grado que  parecen no tener un verdadero interés en obtener ni la victoria y mucho menos un interés sincero  en aquello que buscan; claro, dejando de lado el interés económico que para nadie es secreto.

Permítanme señalarles en unos cuantos puntos por qué digo esto, ya que es lo que observo no sólo en uno sino en todos los partidos que tenemos en nuestro pequeño pulgarcito.

En primer lugar, proponen candidatos que no son atractivos: la Constitución de la República nos dice en su artículo 85: El Gobierno es republicano, democrático y representativo.  La palabra “representativo” indica que vamos a delegar las decisiones de toda una nación en las manos de unos pocos, y aunque ciertamente es muy difícil encontrar a una persona que cumpla con la perfecta idoneidad para desempeñar semejante  función, es desconcertante cómo los diferentes partidos políticos terminan mostrando lo menos atractivo de su repertorio. Aquellos que, a muchas leguas de distancia, se puede apreciar que no representan ni a la mitad de la población que van a dirigir, sino a un sector reducido ya sea por razones ideológicas o por razones económicas. El protagonismo de aquellos con capacidad de mover multitudes, no por ser de un partido sino por la calidad de personas que son, realmente tienen un impulso demasiado leve en el aglomerado mundo de personas a elegir.

En segundo lugar, delegan cargos a personas que simplemente no los merecen: una de las ironías más grandes es que cargos de renombre público son muchas veces ocupados por personas que apenas tienen el bachillerato, mientras que sus asistentes, asesores y demás equipo de trabajo deben cumplir un sinfín de requisitos para poder  aplicar a una plaza con una paga muy inferior y en muchos casos, con una carga laboral muy superior a la de la máxima autoridad. Insistiré toda mi vida que este país no progresa quién es más preparado, sino que el que tiene los mejores conectes.

En tercer lugar, reciclan personas sin justificación válida: confieso que algunos misterios de la política de mi país creo que nunca tendrán respuesta, por ejemplo: ¿cómo un diputado que mientras se encontraba en estado de ebriedad le disparó a un policía puede seguir estando en el mundo político?, ¿Cómo luego de diversas acusaciones de corrupción o actos terribles algunos salen a pedirle a la gente su apoyo? Incluso ¿Cómo pueden seguir en semejante cargo algunos que ni tan siquiera pueden escribir? Pero cada día que pasa me parece más sorprendente ver cómo hay gente que se sostiene de manera prácticamente indefinida en un ambiente que irónicamente exige “moralidad notoria”.

Finalmente, la palabrería vacía: todos queremos seguridad, las oportunidades necesarias para salir adelante, estudios de calidad, etc.  y ciertamente a fin de obtener nuestra empatía es lo que nos ofrecen, pero cuando llegamos a la pregunta obligatoria de “¿Cómo lo lograrán?” solo recibimos respuestas evasivas, discursos repetitivos y descripciones vagas y poco concretas de cómo obtendrán los resultados prometidos. Lo más triste que puedo interpretar de eso es que simplemente nos siguen creyendo tontos y nosotros les damos la pauta no poniéndoles un verdadero alto.

Esto es un llamado a ambos lados… a los políticos a que reflexionen y dejen de tener miedo a una verdadera renovación que por favor dejen de repetir los errores del pasado; y por otro lado, un llamado a todos aquellos que iremos a votar el 9 de Marzo para decirles con nuestro voto: les estamos dando nuestro voto “por favor que este derecho y deber valga la pena”. 

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