Colaboradores

7 Nov 2015
Colaboradores | Por: Luis Ricardo Paredes

A pesar de ser “de dulce”, no soy ni verde ni colorado

Que cada quien piense como quiere y actúe como quiere, siempre dentro de los límites de la ley, sin afectar a nadie ni dañar a terceros.

Así como uno de los mayores exponentes del cine y la comedia mexicana, Mario Moreno “Cantinflas”, siendo el protagonista de la película “Su Excelencia”, de 1966, yo también soy de un país “de dulce”. En la película, sin entrar en mayor detalle, él se convierte en el embajador de la República de los Cocos. Los países “verdes” y “colorados”, en vísperas de una asamblea que va a definir el orden mundial, buscan conseguir que él vote por uno de ellos como modelo para gobernar a la población mundial.

Al principio se advierte que se van a conocer dos países que no existen pero que esos países que no hay, es muy posible confundirlos con otros que sí hay: “es mera coincidencia, pero conste que lo hicimos deliberadamente a propósito…”, dice un narrador justo después de presentar los créditos. Claramente se trata de la época de la Guerra Fría, donde el mundo entero estaba bipolarizado, liderado por dos potencias: por una parte, el capitalismo, liderado por Estados Unidos, “la tierra de la libertad”, “la tierra de las oportunidades”, en la película “los verdes”, que representaba al mundo occidental; y por el otro, el comunismo, representado por la URSS, “la tierra de los trabajadores”, “la tierra del pueblo”, en la película “los colorados”.

Esta disputa llevó a conflictos bélicos, todos indirectos, que significaron muchas pérdidas para los territorios donde se realizaron. La guerra de Corea, la guerra de Vietnam, inclusive las guerras civiles de Centroamérica, estaban influenciadas por dicho conflicto.

La falta de tolerancia, una vez más, propició un enfrentamiento entre dos grupos de personas. Cantinflas, en ese discurso final enfrente de la Asamblea mundial, criticó a ambos. Hizo lo correcto, ninguno tenía razón.

En El Salvador, a través del conflicto armado, se reflejó la pelea de intereses internacionales de aquel momento. Por un lado, el gobierno militar: opresores, autoritarios, que velaban por los intereses de la oligarquía salvadoreña ─que explotaban y atropellaban a sus trabajadores, que tenían acumulada la tierra de todo el país y que simbolizaban el poderío económico y político─ y que eliminaban a cualquiera que fuera una amenaza para el sistema y su status quo. Por otra parte, la guerrilla, que luego, en 1980, se convirtió en el FMLN, que luchaba por los derechos de los obreros, los derechos humanos reprimidos por el gobierno, buscando llegar, a través de las armas, al poder político y  así poder gobernar el país.

En nuestro país, muchas personas siguen discutiendo sobre qué ideología es mejor: si la derecha o si la izquierda. La derecha defiende “el libre mercado” y la empresa privada, aunque muchos de sus militantes ni siquiera sepan qué es el mercado o tengan una mínima noción de empresa privada o de la palabra “política”. Los de izquierda defienden al gobierno como medio de producción y de desarrollo social, aunque muchos de sus miembros ni siquiera conozcan en qué consiste el desarrollo social, ni sepan cuáles son los principales índices de desarrollo económico que reflejan el crecimiento de un país, volviéndose conservadores y convirtiendo al país en poco atractivo para la inversión extranjera.

Por supuesto que no todos los de ambas partes son así; hay personas muy conocedoras de cada pensamiento, activos partícipes de ambos, que sin duda saben bien por qué están en dicha posición y la practican de acuerdo a lo que es y no a lo que creen que es.

Yo no soy de ninguno de ambos. No soy “verde” ni soy “colorado”. No puedo estar de acuerdo con ellos porque en la bipolarización que está inmersa el país se toma como derecha a ARENA y como izquierda al FMLN; los demás partidos parecen no existir, no tener mayor relevancia y yo no estoy de acuerdo con ninguno, con la forma de pensar y de actuar de muchos miembros en sus filas, quienes siendo funcionarios públicos le han hecho y le están haciendo tanto daño a El Salvador.

Quiero ser neutral. Tengo un pensamiento mixto, así lo considero. Para mí, en pleno siglo XXI, lo más adecuado es optar por una economía mixta, así como Canadá, Suecia, Bélgica. Claro que no tenemos ni la mínima cercanía en comparación a su desarrollo, pero por algo se empieza. La inversión y el mercado como los que asignen los recursos y regulen las transacciones de bienes; y el Estado como intervencionista, en mayor o menor medida, dependiendo del caso, en el funcionamiento de este. Una economía donde se defienda y se incluya la propiedad privada, pero tomando en cuenta consideraciones sociales altas como la ética, el bienestar social y la justicia social.

Que cada quien piense como quiere y actúe como quiere, siempre dentro de los límites de la ley, sin afectar a nadie ni dañar a terceros. Que cada quien piense como quiere y actúe como quiere, pero sin obligar a los demás a pensar de esa forma ni tratar de teñirlos de un color específico que no es el que les parece.

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