Colaboradores

25 Feb 2017
Colaboradores | Por: Zarko Pinkas

A los hijos del extremismo barato

La capacidad del ser humano de establecer conductas extremistas tiende a ser, cada día, más la causa de una bipolaridad social.

La bipolaridad social o crisis existencial mantiene una constante en nuestras sociedades saturadas de niveles de ignorancia dogmática; pero no tiene que ver con el conocimiento adquirido con los estudios, simplemente es no tener idea del entorno real de las coyunturas que nos rodean. Las sociedades actuales han pasado a un nivel de ceguera y falta de creatividad de nuevas soluciones para enfrentar la pobreza, falta de empleo, discriminación, violación de los derechos humanos e irrespeto de los ideales sociales solidarios.

Casi toda la información no viene del análisis crítico y el autoconocimiento básico, sino de una confusión de conocimientos. La crítica coherente ha mutado en una moda, que lleva a la intolerancia prepotente del fanatismo presente en la extrema izquierda populista y la extrema derecha clasista, sobre la preocupación del bien social.
Durante la Revolución Industrial del Siglo XIX, nació la necesidad de efectuar una seria crítica al entorno social para buscar respuestas a los cambios sociales, económicos y políticos; ver su impacto en las sociedades y cómo aplicar el método científico, para lograr conclusiones a ciertos fenómenos.

El método científico nos permite aplicar la observación sistemática, experimentación, formulación, análisis y modificación de una hipótesis para ver la falsedad o veracidad de un hecho social. En la actualidad, la mayoría de acciones sociales son vistas con el ojo del extremismo religioso-ideológico; en este punto, no queda espacio para el análisis racional, pues la irracionalidad ha ido ganando espacio en las mentes moldeables de las masas más ignorantes y desinformadas.

La gente común debe ordenarse en fila hacia el matadero de los ideales impuestos y cuando tiene sueños de cambio, debe formar parte de una línea ideológica decretada por sujetos llenos de odio clasista o resentimiento social.
Las nuevas formulaciones y conjeturas a los problemas, que viven millones de humanos, son minimizadas por un caudal de acusaciones violentas, o de simples soluciones sacadas del populismo del discurso oficial. El problema de la humanidad está enclavado en su interior y en los procesos de deshumanización. De esa forma, la muerte de millones de personas por las hambrunas y enfermedades se matiza como algo alejado de las realidades de unos cuantos. Esos que pueden sacar la cabeza de la caverna de Platón por uno segundos, promueven soluciones tan repetidas como los eslóganes de lucha de la Guerra Fría y la falsa religiosidad de la doble moral.

Querer salir del montón nos llevará a ser vistos como extraños y hasta radicales, ya que vivir en la oscuridad puede ser mucho más cómodo. Tocar temas como educación sexual, discriminación laboral y cualquier forma de activismo social, nos conduce a críticas de odio por grupos extremistas, los cuales piensan que poseen la verdad absoluta cuando sus acciones los condenarían al mismo infierno a la hora de un juicio final.

La sociedad recibe una medicina peor que la enfermedad que padece, compuesta de intolerancia disfrazada con actos de preocupación. Oscar Wilde vivió en carne propia estas acciones, ya que fue condenado por actos inmorales a dos años de cárcel, a pesar de ser un autor respetado por su producción literaria en la sociedad inglesa; e inclusive, el mismo Dalí fue tildado de loco, por los sectores reaccionarios, cuando pintó la Crucifixión desde una perspectiva surrealista.

Si estas personas que gozaban de fama y renombre en sus países sufrieron críticas por los extremistas, no es nada raro que cualquier persona tenga el mismo destino cuando desee nadar diferente que la corriente.

El tema de las extremas define a una sociedad, cada día, más polarizada entre el bien y el mal, pero hay un punto central para navegar sobre él, este siempre ha existido en la construcción interna de nuestra mente. Sobre ella nadie tiene potestad, solo reina nuestra capacidad de formar nuevas construcciones espirituales y racionales. No necesitamos asfixiarnos entre la lucha, sin fin, de los vendedores de mentiras y su séquito de fanáticos, para ellos, está el estadio y el circo. Los que rompen la fila hacia el matadero consiguen la libertad personal, sobre la imposición del extremismo.

Cualquier humano tiene la capacidad de ser él mismo y no buscar convertirse en otros extremistas bajo las tinieblas. Las mayorías sociales tienen la capacidad de salir de la oscuridad y lograr un rol medio aceptable, no existe mediocridad en eso. Lo malo no es ser mediocre, lo malo es ser mediocre y creerse superior, y de vanguardia.

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