Colaborador
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22 agosto de 2011

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Por: Andrés Norman Castro Arévalo

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Es oportuna la reflexión de la juventud del país y hay que repensar el sistema educativo de El Salvador. Aquí, la juventud perdió el interés y la visión por la educación superior y la superación personal y laboral que pueden alcanzar al tener acceso a una educación de calidad.

En nuestro terruño, el sistema educativo está abandonado. Existe una carencia generalizada a nivel nacional en la educación pública básica que se encuentra bajo el control del Estado. Aunque el acceso gratuito hasta noveno grado y el intento de cubrir los gastos de los alumnos para incentivarlos a continuar estudiando y no renunciar debido a costos indirectos es admirable. Sin embargo, en nuestro país las necesidades básicas no están cubiertas y las aspiraciones de la población se limitan al día a día; se ha perdido la importancia de continuar estudiando después del bachillerato y se menosprecia la educación técnica y la educación a distancia.

En El Salvador, la educación superior es pobre y costosa. La Universidad de El Salvador es producto del sistema viciado donde se suple la necesidad de educación superior de un porcentaje pequeño de la población y nada más. La Universidad debería ser pionera en investigación, con aportes técnico-científicos, así como una rectora de la calidad educativa, no una apaga-incendios.  La burocracia y el abandono de la Universidad Nacional causan que los fondos no se inviertan bien ni lleguen donde se necesitan. Sería conveniente una fragmentación de la Universidad en distintos institutos especializados por ramas del conocimiento: Universidad Tecnológica, Universidad de Bellas Artes, Instituto Superior de Economía, entre otros. Esto facilitaría que los fondos sean bien utilizados y fiscalizados, así como permitiría medir el éxito en la incorporación laboral de los graduados.

Debido a la limitación de recursos del Estado y a la saturación de ciertas carreras, debería existir una universidad nacional a distancia, que fuese tan rigurosa y exigente como lo son en países como Costa Rica y España. No es admisible que haya estudiantes que no continúen sus estudios superiores por falta de cupo en la universidad pública,  a pesar de que desear estudiar la universidad sea ir contra la corriente.

Las universidades privadas no se salvan. Viven de glorias pasadas y se han convertido en empresas donde se exigen cuotas altas (el 21% del salario mínimo cuando menos, según la información en sus sitios web) y donde la calidad docente y académica es cuestionable. Al analizar cualitativamente el aporte universitario al conocimiento y la frecuencia de estos aportes, veremos el mal estado de las universidades en El Salvador. El estudio superior se ha convertido en un privilegio reservado para pocos y la incorporación laboral se ve limitada por la falta de competencias, experiencia laboral y calidad profesional con la que se gradúan los estudiantes del país.

El acceso universal y gratuito a una educación de calidad en todos los niveles incrementaría los índices de crecimiento económico debido a que facilita el desarrollo profesional y personal. Chile, Inglaterra y España nos lo demuestran.. La situación salvadoreña es agobiante, pero debemos entender que necesitamos una inversión a largo plazo para salir de la crisis social y la educación constituye esa inversión. Debemos repensar el presupuesto asignado para educación, así como el compromiso y la calidad de los docentes en el sistema público.  El Estado debe velar por el acceso a la educación de calidad debido a que incrementa oportunidades de un mejor trabajo y por ende, una mejor vida para el estudiante, su entorno y el país.

* Colaborador de MedioLleno. Estudiante de Psicología y docente de Supérate-Kriete

  • http://www.facebook.com/karlamsegovia Karla Marjorie Segovia

    Andrés, felicidades por tu columna. Sólo una observación: La educación en Chile tiene cobertura universal a nivel de primaria, pero no es gratuita en todos los niveles.

  • http://www.facebook.com/profile.php?id=514885804 Andres Norman Castro

    Cierto, Karla. Debí decir “los estudiantes de Chile nos lo gritan” o algo asi. Gracias por la observación.

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