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Por: Fernando Larios
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En los últimos días ha salido a discusión la idea de “desdolarizar” y son diversos los medios que están tratando el tema. Por ejemplo, apareció en www.elfaro.net un artículo interesante y atrevido (¿o irresponsable?) sobre la desdolarización, pintando un oscuro panorama que asustaría a cualquier mortal (ya sea inversionista o persona natural).
Entre los comentarios del artículo había uno que clamaba el regreso de una moneda local llamada “Atlacatl” como reivindicación a la historia. Esto es justamente lo que menciona Andres Oppenheimer en su nuevo libro “Basta de Historias” que los latinoamericanos vivimos obsesionados con el pasado en lugar de pensar en nuestro futuro. Por ejemplo, el Presidente Chávez ha mandado a desenterrar los restos de Bolívar un par de veces y le cambió el nombre a su país por “República Bolivariana de Venezuela”. Pero no nos desviemos del tema.
El mismo personaje que comentaba sobre la moneda “Atlacatl” hacía ver que la solución es tan simple, solo se hecha a andar la máquina de hacer dinero y se imprimen billetes para apalear la deuda pública y cubrir el déficit del gobierno, y es que para muchos desdolarizarnos es la solución a todos los males económicos del país.
Lo que no entienden es que no existe una “varita mágica” que arregle todo automáticamente. Como decía el maestro Milton Friedman “there’s no free lunch” (no existe un almuerzo gratis), esta medida traería altísimos costos para la economía. La deuda pública ya sobrepasa el 50% del PIB y probablemente cerremos el año con poco menos del 1% de crecimiento real, según el Informe de Coyuntura Económica de FUSADES.
¿Y entonces qué implica específicamente desdolarizar?
Al desdolarizar el gobierno comenzaría a imprimir dinero para cubrir su deuda y reducir su déficit pero al mismo tiempo la moneda se devaluaría y un porcentaje de nuestros ahorros se esfumarían ya que mi dinero (y el tuyo) ahora valieran menos, restándole poder adquisitivo a la población, deprimiendo el consumo (y por ende la recaudación de impuestos como el IVA).
Al devaluarse la moneda habría una inmensa fuga de capitales, todos querrían retirar su dinero en dólares ahora y enviarlos afuera inmediatamente para evitar que sus dólares valgan menos. La impresión de billetes siempre conlleva a inflación (subirían los precios en general y se deprimiría aún más el consumo y la economía), claros ejemplos son las hiperinflaciones que ha sufrido Alemania, Nicaragua, Zimbawe, entre otros.
Las implicaciones para el ciudadano común y corriente sería que su dinero ahora vale menos con el agravante que los precios de los bienes estarían más altos. Sin hacer análisis profundo podemos decir que implica costos mayores que sus beneficios, el caos que se viviría sería similar a la crisis Argentina de 2002 cuando acabó la caja de convertibilidad de 1 dólar 1 peso.
Señores, el tren de la dolarización salió hace 10 años. No todo ha sido color de rosa porque no tenemos política monetaria. Por la misma razón, nuestros gobiernos debieron y deben ser extremadamente disciplinados fiscal y financieramente.
A diferencia del gobierno anterior, el actual gobierno en plena crisis aumenta salarios al sector público, y sobre todo se endeuda más, no para invertir y aumentar la producción sino para financiar gasto corriente.
La solución a todo esto no está en revertir la dolarización (ya sabemos que esa historia siempre acaba en tragedia y caos), la solución está en que el gobierno se adapte a nuestra realidad y sea disciplinado en sus políticas, deje de endeudarse abusivamente e incentive la inversión (lo que automáticamente incentivaría el empleo, la producción etc. generándose un círculo virtuoso) dejándose de incongruencias como las que hasta la fecha ha presentado (y eso que no hemos tocado lo político y la seguridad).
No hay varita mágica que solucione los problemas económicos de un país; la solución está en nuestros gobernantes que con decisiones, voluntad y disciplina pueden lograr reactivar la economía. Este barco ya zarpó hace 10 años y revertir la dolarización sería segurísimo estrellarlo y hundirlo, seamos responsables con el futuro de nuestro querido El Salvador.