Ayudando

18 Nov 2014
Ayudando | Por: Alejandra Peña

La ayuda en momentos de crisis

En momentos de desastres que no se nos olvide que el sufrimiento continúa.

El 26 de diciembre del año 2004 un terremoto de fuerza 9.0 en la escala de Ritcher generó un tsunami en el Océano Indico que afectó a más de 12 países en el Sureste de Asia, entre ellos Sri Lanka, India, Tailandia, Somalia y Malasia. Según las cifras, murieron más de 150 mil personas, 141 mil 955 se reportaron perdidas y más de un millón de personas se quedaron sin hogar. Este desastre natural ha sido el peor que la raza humana ha experimentado en la historia moderna y el sufrimientos de las personas afectadas es algo inexplicable.

Millones de personas quedaron sin hogar y sin lo básico para poder sobrevivir y muchos sufrieron un trauma y pérdidas que llevaron a efectos psicológicos que resonarían por años si no eran ayudados. Los gobiernos y organizaciones reaccionaron rápida y efectivamente para apoyar en las necesidades básicas para la sobrevivencia de los afectados. En estos momentos de crisis se debe ayudar con agua, comida, atención médica y techo para los afectados. Sin embargo, muchas veces lo que se olvida o pasa a segunda plana es ayudar con el shock que todos estos individuos experimentan.

Ese más de un millón de personas afectadas no solo tuvo pérdidas de objetos o de algo material sino que sufrió pérdidas de hijos, hermanos, padres, madres y otros seres queridos. Muchos de los afectados por desastres naturales o cualquier otra crisis sufren estrés severo debido a que la mayoría siente inseguridad aun por semanas o meses después del evento.

Humanamente podemos estar preparados para enfrentar algún momento de crisis, pero en eventos naturales tan severos como este tsunami no tenemos control sobre los daños que pueden causar. Viviendo en El Salvador, un país que ha sido afectado gravemente por desastres naturales como terremotos y huracanes, mucho de esto puede resonar. Cuando el gobierno, organizaciones y cualquier tipo de ayuda externa ven que los sobrevivientes de algún desastre están encaminados a recuperarse, muchas veces dan como éxito la ayuda y se retiran. Sin embargo, como mencioné anteriormente, los sobrevivientes están sufriendo mucho más de lo que se puede ver.

Una estudiante de psicología de Tailandia decidió hacer un estudio después del tsunami que afectó a su país. Al enfocarse en una sola comunidad logró ver cómo cientos de niños sobrevivientes del tsunami, a pesar de estar adaptándose a una vida “normal”, seguían sufriendo de manera preocupante. Empezó a ver cómo niños y adolescentes mostraban inestabilidad emocional, problemas de aprendizaje y comportamiento. Algunos eran más violentos e incluso encontró problemas de depresión. Al leer estos problemas y efectos, muchos pueden pensar que es normal que estén afectados de esta manera, pero debemos preguntarnos ¿qué se ha hecho o qué ofrecemos para estos sobrevivientes?

Esta estudiante tailandesa encontró una comunidad llena de niños y adolescentes que sufrían, pero nadie les aportaba la ayuda necesaria porque consideraban otras necesidades más importantes, o simplemente nadie había notado el nivel de sufrimiento de estos individuos. Al encontrar esta comunidad y realizar un estudio extenso, logró proporcionar ayuda psicológica y social a esta población y les trajo esperanza a estos niños y familias. La vida continúa y con la ayuda necesaria se puede superar un trauma así de grande y tener una vida exitosa.

Tenemos mucho que aprender de esta estudiante de psicología. Como país nos hemos enfrentado con mucho sufrimiento, pero como la mayoría de otros gobiernos y organizaciones, nos enfocamos en la ayuda inmediata y muchas veces no se les da continuidad a los sobrevivientes y personas afectadas por alguna crisis. Después de un desastre, el sufrimiento de la persona puede durar por años y si no se ofrece la ayuda necesaria muchas veces las personas no podrán recuperarse. Como una nación, todo individuo y organización debe estar preparado para enfrentar daños no solo logísticos, sino también psicológicos. Debemos educarnos sobre los efectos que un desastre o pérdida puede tener en una persona y cómo se puede ayudar con el sufrimiento emocional. Los profesionales en salud mental deben estar incluidos en grupos de ayuda y estar preparados para este tipo de situaciones.

En momentos de desastres naturales, proporcionar ayuda como albergue, comida, ropa y agua es de suma importancia, pero también me hace reflexionar sobre el bienestar emocional de todas esas personas y qué tipo de continuidad les hemos dado. Pienso en el niño que perdió a sus hermanos y mamá, ¿seguirá su educación? ¿Pertenece a algún grupo de maras? ¿Qué efectos de algún trauma está viviendo todavía? Los sobrevivientes de desastres naturales deberían ser ayudados para poder superar cualquier trauma y, especialmente, lograr sentirse seguros en la nueva etapa de sus vidas.

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