Ayudando

28 Jul 2015
Ayudando | Por: Vanessa Cruz

Hemos aprendido a ganarnos la vida, pero no a vivirla

“Las grandes oportunidades para ayudar a los demás rara vez vienen, pero las pequeñas nos rodean todos los días”.

Casi todos nosotros hemos escuchado a algún amigo, familiar e incluso nosotros mismos decir: “¿Y a qué hora voy a hacer esto?, si no me queda tiempo de nada”. Como mi mamá siempre dice, “…hoy las personas beben y fuman demasiado, se enojan fácilmente, manejan muy rápido, roban y matan sin piedad, se desvelan siempre, amanecen cansados, leen poco, ven mucha tele o solo pasan wasapeando y facebookeando en el celular”.

Reflexionando sobre lo que mi mamá me dice, le pregunté a mis amigos cuánto tiempo dedicaban a ver las redes sociales, a estar en el celular chateando o hasta estar jugando en la tableta. Casi todos me respondieron rápidamente que de una a dos horas diarias. Si hacemos la suma son entre 365 y 730 horas al año. Al preguntarles si estarían dispuestos a invertir dos horas a la semana siendo voluntarios en alguna actividad social, algunos se tardaron en responderme y por compromiso su respuesta fue “sí… sí, estaría dispuesto”; otros solamente me dijeron la típica frase “¿Y a qué hora voy a hacer esto?, si no me queda tiempo de nada”. Si hacemos la suma son 96 horas al año, es aproximadamente una séptima parte del tiempo que le dedican a todo lo que la tecnología les ofrece.

Esta vez quiero compartirles mi experiencia como voluntaria. He tenido el privilegio de conocer a 16 niños y niñas entre los 9 y 15 años de edad, de escasos recursos, que día a día viven en la incertidumbre y con miedo por el entorno que los rodea, sin saber si el día de mañana podrán asistir a la escuela o si amanecerán sin vida por resistirse a ser parte del grupo delictivo que gobierna esa zona. Niños y niñas que a temprana edad han tenido que asumir el rol de papá o mamá y hacerse cargo de los quehaceres de la casa y de sus hermanos menores porque sus padres emigraron a los Estados Unidos para brindarles una mejor calidad de vida. Niños y niñas que se han quedado huérfanos teniendo que vivir con sus abuelos o tíos, porque el grupo delictivo asesinó a sus padres por no pagar la renta. Y aun así es admirable saber cuántos sueños y metas tienen. A pesar de saber que sus oportunidades son limitadas son optimistas y no pierden la esperanza que saldrán adelante.

Quiero decirles que ser voluntario crea un mayor impacto del que nos podemos imaginar. No nos damos cuenta pero ellos agradecen esas horas que compartes con ellos, ese tiempo que le dedicas exclusivamente a ellos y sobre todo valoran que estés ahí por ellos, para ayudarlos y apoyarlos. Para ellos eres un ejemplo a seguir. Tú eres esa persona por la que ellos no pierden la esperanza que pueden salir adelante.

Los invito a que descubran el mundo del voluntariado, hay muchas ong en el país que ofrecen ser parte de sus programas de apoyo hacia los menos favorecidos de nuestra sociedad. Vivamos la vida ayudando a los demás. Les dejo una frase para reflexionar: “Las grandes oportunidades para ayudar a los demás rara vez vienen, pero las pequeñas nos rodean todos los días”.

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