Ayudando

25 Mar 2014
Ayudando | Por: Gabriela Bolaños Pacas

Ganadores u oposición, ¡que no pierda El Salvador!

Durante los últimos meses, la intensa propaganda política y la profunda polarización que padece el país, han sido las principales cuestiones en la mente de todos. Para mientras, detrás de las disputas y demandas, las encuestas y las propuestas, los medios de comunicación seguían transmitiendo homicidios, crisis de logística en fronteras, pérdidas por la roya, pobreza, desabastecimiento en los hospitales, entre otras dificultades nacionales.

Pasaron las elecciones (gracias a Dios), y es necesario que volvamos a poner atención a los retos que ininterrumpidamente enfrenta el país, a adoptar una actitud crítica, sin importar si estamos de acuerdo con su resultado. Para lograr esto, urge que nos separemos de algunas de las actitudes que se vieron durante la propaganda electoral, principalmente la de hablar de candidatos como si fueran superhéroes, o de un período (o períodos) de gobierno como si hubieran sido perfectos, porque todos sabemos que no lo han sido. El resultado será irreversible. Unos estarán felices y los otros se llamarán “la oposición”.

Ahora les planteo dos preguntas. La primera, ¿qué es ser oposición? y la segunda, ¿quién es la oposición?

Generalmente, se usa la palabra “oposición” para referirse al grupo de personas que se opone a cómo se están haciendo las cosas. En palabras crudas, el partido perdedor. Sin importar si nos consideramos ganadores u oposición, la realidad es que hay un solo perdedor: El Salvador. Un país dividido es un país que pierde, no porque luchemos por cosas diferentes, sino porque la mitad está en desacuerdo con cómo se está luchando; y la otra, por demostrar que está de acuerdo, se ciega ante las imperfecciones de su lucha.

Eso me lleva a la segunda pregunta. Si la oposición es la que está en desacuerdo, ¿no todos deberíamos ser oposición? ¿No deberíamos todos adoptar esa actitud crítica y de inconformidad? ¿Acaso El Salvador está exactamente como queremos que esté? No creo.

La única forma de despolarizar El Salvador es que se empiecen a dar pasos democráticos, que se lograrán protegiendo las libertades individuales e incrementando la participación ciudadana en la construcción de soluciones. No es necesario ser el partido perdedor para ser la oposición, para exigir mejorías, proponer alternativas, debatir y reclamar lo que se ha prometido a la población. Cuando pasa la campaña, el ruido y los enfrentamientos, se puede opinar con más libertad. ¿En verdad crees en aquellas propuestas? Analicemos desde ambos lados.

Según los resultados, aproximadamente la mitad de los votantes apoyaron la propuesta de una computadora por niño. Es posible que durante la contienda electoral no la hayan criticado por no hablar en contra de su partido. Sin embargo, un salvadoreño pensante se dará la oportunidad de cuestionarlo. ¿Conviene una computadora por niño? Consideremos que, uno, algunos docentes no están capacitados para enseñarles a los niños a cómo usarlas; dos, algunas escuelas no tienen infraestructura adecuada como para evitar casos de robo; tres, la deuda nacional está alcanzando niveles alarmantes y hay que elegir los proyectos más beneficiosos para atender las necesidades más urgentes; y cuatro, en la mayoría de cantones no hay internet.

Si pensamos en la otra mitad de los votantes, ¿cuestionarían ellos las soluciones de 100 días o los programas sociales para todos, a pesar de que a este gobierno solo le ha alcanzado para algunos?

Podemos preguntarnos muchas otras cosas. Por ejemplo, ¿conviene que los precios de los granos básicos bajen drásticamente considerando que hay pequeños agricultores que viven del precio al que pueden venderlos? ¿Conviene que se cambie la aproximación al problema de la delincuencia? ¿Conviene que se reparen estas calles y no aquellas? ¿Qué se está haciendo para combatir la roya? ¿Cuáles son las verdaderas urgencias del sistema educativo y de salud?

Durante la propaganda, todo candidato se compromete con mucho; será nuestro deber cuestionarlo, criticarlo, o exigirlo. Podemos comenzar por exigir instituciones más fuertes, programas sociales más sostenibles, leyes que aseguren que los cargos públicos sean ocupados por personas más capaces, entre otras cosas.

La política puede ser decepcionante, pero hay que saber admitir que los problemas del país no son solo culpa del gobierno en función, sino de todos los que se quedan callados o solo hablan para enaltecer a quienes poco lo merecen. Pasaron las elecciones y es hora de escoger nuestra actitud postelectoral. ¿Cuál eliges?

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