Ayudando

21 May 2014
Ayudando | Por: Gabriela Bolaños Pacas

Exijamos exigencia

Lo que importa destacar es que la frase “es tarea de todos” tiene un significado real y debe ser puesto en práctica.

Las relaciones población-Estado por lo general las vemos desde el lado exigente y participativo de la ciudadanía. Pocas veces analizamos los principales problemas del país desde el punto de vista en que también el Estado debe jugar un papel exigente y la sociedad debe cumplirlo.

Comparados con otros países, a los salvadoreños se nos demanda muy poco en aspectos legales, urbanos y académicos. Somos gente cálida, alegre, determinada e ingeniosa, pero uno de nuestros principales talentos es encontrar la manera de escapar de las consecuencias de nuestras imprudencias. Con frecuencia lo logramos.

Un ejemplo claro se ve día a día en las calles. La gente maneja como quiere y la probabilidad de que se le imponga una multa es mínima. El monto de las infracciones es muy bajo comparado a otros países. En Estados Unidos, el promedio es de 200 dólares, por ejemplo. Aparte de ser una mayor cantidad, los agentes policiales son firmes en su aplicación. ¿Se da lo mismo aquí? ¿Se da lo mismo en los casos de crímenes graves?

Los salvadoreños tenemos poca conciencia del impacto que tienen nuestras acciones en la apariencia del país. ¿Conoces a alguna persona que haya sido multada por botar basura donde no debe? Diariamente se generan 3 mil 400 toneladas de desechos sólidos a nivel nacional, pero solo se recolecta el 75 por ciento de ellas, según el Ministerio del Medio Ambiente y Recursos Naturales (MARN). Del 25 por ciento restante, alguna se quema, otra se lleva a los basureros municipales, pero la mayoría la podemos encontrar ensuciando nuestras aceras, playas, ríos o quebradas, dañando nuestra imagen de país.

¿Sabías que en Suiza la gente debe comprar bolsas de basura específicas para que sean recolectadas? Una bolsa tradicional puede costar 2.90 francos suizos (aproximadamente 3.25 dólares). Obviamente, las personas administran su basura de forma distinta. Guardan los desechos orgánicos para fertilizar sus jardines, reciclan y reutilizan. Con tal abstinencia, quizás nuestro presupuesto tuviera mayor alcance en cuanto a recolección. Por supuesto, se requiere de un avance cultural significativo para desarrollar hábitos como esos.

El factor académico es probablemente el más lamentable. Aparte de las grandes carencias de los centros escolares, al sistema educativo del país le falta un sentido de competencia y continuidad.

Hace poco, una madre de familia me comentaba que sus hijas intentaron ir a la Universidad Nacional en Sonsonate. En la escuela ambas tenían un promedio alto, pero a la hora de hacer el examen de admisión las dos lo reprobaron. Lo intentaron una segunda vez y el resultado fue el mismo. “Les preguntaron cosas que nunca habían visto”, decía. Esto puede ser un reflejo de la falta de continuidad del sistema educativo en algunas áreas del país, pues no se está preparando a la gente para la universidad. ¿Cómo van a salir adelante si no encuentran las condiciones para cumplir sus deseos de superación? ¿Alguien los está motivando a luchar por más? ¿A competir? ¿A ser mejores porque pueden?

Bueno, ¿y para qué educarse? Mejor no van a la universidad, trabajan, hacen contactos, y algún día pueden hasta llegar a ser diputados.  

La consecuencia de esa mediocridad de algunas entidades públicas es que el “deber ser” de los salvadoreños está muy lejos de lo que somos en realidad. ¿Cuántos esfuerzos (y de quién) van a requerirse para ver calles limpias, los conductores lentos en el carril derecho, todos los peatones en las pasarelas en vez de las calles, un promedio decente en la PAES, funcionarios públicos con estudios universitarios, entre otras maravillas?

El Estado debe reconocer su papel de coerción, ordenamiento y educación. Dentro de la práctica de las libertades humanas, se debe saber poner límites y retos consistentes y firmes. En enero de este año, Gran Bretaña nos aconsejó una ley antisobornos. ¿Por qué no comenzar por allí? También se ha dialogado varias veces sobre un aumento a las multas de tránsito. Sin embargo, creo que la base de la transformación que necesita El Salvador está en un anteproyecto de ley. En sí, me refiero a la Ley de la Función Pública, que propone la selección de los funcionarios con base en mérito y sus capacidades, pero esta ley aún sigue en debate.

Lo que importa destacar es que la frase “es tarea de todos” tiene un significado real y debe ser puesto en práctica. Si exigimos sin querer poner de nuestra parte, no nos quejemos después si algunos gobiernos solo se esmeran por cumplir deseos para quedarse en el poder.

 

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