Ayudando

11 Ago 2015
Ayudando | Por: Alejandra Peña

El trauma que se ha pasado por alto

 

Lo que podemos hacer en nuestra realidad es ofrecer ayuda por medio de albergues o ambientes seguros para víctimas de trauma continuo y ofrecer tratamiento de profesionales en salud mental.

 A pesar de que solamente tenemos 8 por ciento de la población mundial en América Latina, un tercio de los homicidios del mundo toman lugar en nuestros países. No es solamente una opinión, el mundo sabe que la región tiene los países y ciudades más peligrosas del mundo. Solamente debemos escuchar las noticias o leer el periódico para ver que nuestro país está incluido en unos de los más peligrosos del mundo. La página oficial de viajes de los Estados Unidos mantiene una alerta para todo ciudadano americano sobre los peligros y la seguridad de nuestro país.

Tal vez algunos de los que lean este artículo no han estado expuestos al nivel de peligro real que existe en El Salvador, pero la realidad de nuestro país es preocupante. No solo debemos velar por la seguridad de los ciudadanos sino que debemos reflexionar sobre las consecuencias que esta violencia va a tener en todos los individuos, especialmente adolescentes y niños, que están expuestos y actualmente viviendo estas experiencias traumáticas.

Estar expuestos a eventos traumáticos, ya sea desastres naturales o eventos causados por humanos, causan daño mental y daño a la salud física. Pero ¿qué ocurre cuando el trauma nunca termina? La guerra civil en El Salvador comenzó en 1979 y se dio una época de violencia por 13 años, hasta 1992? Ahora, a más de una década más tarde nos enfrentamos a situaciones de peligro y trauma continuo con el riesgo de maras, violencia doméstica y abuso físico y sexual. Para muchas personas ese riesgo y miedo de ser víctimas de tal violencia crea una situación traumática que deben enfrentar  y sobrevivir por mucho tiempo.

Durante los años 80, antes de que la segregación racial fuera abolida, profesionales de salud mental en Sudáfrica que trabajaban con víctimas de represión política encontraron que el tratamiento para el trastorno de estrés postraumático no ayudaba a las personas que seguían viviendo en miedo de volver a experimentar represión. Actualmente, creo que muchos de los salvadoreños van a tener esta misma experiencia por el continuo peligro y miedo en el que se está viviendo. Se ve cómo muchas de las personas que deciden migrar o enviar a sus hijos a los Estados Unidos es por el miedo y la inseguridad de nuestro país.

Individuos que están expuestos a un trauma continuo viven en un riesgo más alto de consecuencias no solo a su salud física, sino también a su salud y bienestar mental. Estas personas pueden volverse más aislados y desarrollar personalidades inestables. Más preocupante es el efecto que puede tener esta situación en los niños. La niñez es una etapa en la que una persona tiene que sentirse segura, y al no sentirlo, como muchos niños salvadoreños están experimentando, pueden desarrollar problemas de comportamiento, impulsos, falta de sueño y más.

Guerras civiles como la que vivió nuestro país y ahora la situación de alto peligro que viven muchas zonas pueden durar por mucho tiempo, y la ayuda que se puede ofrecer es muy limitada. El miedo y el riesgo puede permanecer constante por mucho tiempo y por esto, personas en zonas de alto riesgo y violencia continúan aprendiendo a vivir con este sentimiento de miedo mientras sigan viviendo en este ambiente.

Entonces, ¿qué podemos hacer por estas personas que viven con un trauma continuo? Lo más importante es exigir un país más seguro para todo ciudadano Salvadoreño. Cada persona tiene derecho a sentirse seguro en su ambiente, pero este no es el caso que está viviendo El Salvador. Lo que podemos hacer en nuestra realidad es ofrecer ayuda por medio de albergues o ambientes seguros para víctimas de trauma continuo y ofrecer tratamiento de profesionales en salud mental. Psicólogos y psiquiatras deben estar conscientes de la situación en que sus pacientes viven y el nivel y continuidad de trauma al que están expuestos. Igualmente, profesionales deben estar educados para poder ofrecer la mejor ayuda que se pueda a este tipo de trauma que nunca termina.

El peligro y violencia que se está viviendo en El Salvador es muy real y las consecuencias que vamos a ver en las futuras décadas van a ser muy severas para muchos de nuestros jóvenes y niños. Debemos velar y exigir por la seguridad y bienestar de todo ciudadano para poder esperar un mejor futuro para nuestro país.

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