Ayudando

3 Abr 2013
Ayudando | Por: Gabriela Bolaños Pacas

Conoce “La Casa de mi Padre”

En el año 2001 un grupo de estadounidenses descubrieron en el centro de San Salvador un lugar que albergaba aproximadamente 50 niños y niñas en condición de riesgo, con necesidad de atención médica, alimentación, higiene y afecto. Solo había una persona cuidando de todos ellos. A partir de su encuentro con esta dura realidad decidieron fundar una ONG que pudiera darles un lugar digno para vivir y desarrollarse. En mayo de 2002 abrieron las puertas de “La Casa de mi Padre”, que por más de 10 años ha atendido a niños, niñas y adolescentes que necesitan un hogar donde crecer con el objetivo de darles amor, esperanza, y oportunidades de superarse.

La Casa de mi Padre hoy acoge a 28 niños, niñas y adolescentes entre 4 y 18 años. La mayoría de ellos provienen de hogares destruidos y condiciones de riesgo, por lo que sanar las heridas profundas del pasado es la principal necesidad que la fundación atiende. En La Casa de mi Padre reciben ayuda espiritual, emocional, se les asegura una educación de calidad y se satisfacen sus necesidades básicas: alimentación, vestido y techo. Hay algo, sin embargo, que diferencia a La Casa de mi Padre de otros hogares. Ellos no trabajan bajo un programa de custodio, sino que han sido capacitados para implementar un programa terapéutico que consiste en modelar una familia, lo que permite a los niños, niñas y adolescentes saber cómo se desenvuelve una figura de papá y mamá. 

La Casa de mi Padre les brinda, además, educación en colegios privados (o en colegios especiales si su condición lo requiere) y parte de la labor de la fundación es velar por que atraviesen su formación académica con éxito. En La Casa ellos cuentan con una tutora de matemática, así como una maestra acreditada por el Ministerio de Educación (MINED) que se encarga de ayudar a 2 adolescentes con deserción escolar que no pueden incorporarse al sistema de educación regular.

A pesar de que encuentran un verdadero hogar en La Casa de mi Padre, la mayoría tiene familiares como abuelos, tíos, primos, y en algunos casos papá o mamá. La idea de La Casa de mi Padre va mucho más allá de solo atender a la niñez y adolescencia, sino extender el alcance de su ayuda a sus familias quienes tienen muchas necesidades. Se hace lo posible por mantener la comunicación entre los hospedados y sus familiares. Cada 15 días se permite una visita familiar con el propósito de fortalecer los vínculos y también se aprovecha para dar charlas o impartir programas de alfabetización.

Recientemente la fundación ha extendido su ayuda a una etapa más. Al cumplir 18 años los jóvenes enfrentan una decisión, volver con su familia (si tienen), o continuar en un programa de reinserción junto con la organización. Actualmente hay 6 jóvenes en esta etapa que han llamado “The Bridge” (el puente).

La fundación se mantiene en flota gracias a donaciones tanto extranjeras como de empresas o contribuyentes dentro del país. Muchas veces estas donaciones también se extienden a las familias. Bajo el lema “Creciendo en el amor de Dios”, La Casa de mi Padre es un lugar donde los niños, niñas y adolescentes han encontrado refugio, sus familias han encontrado apoyo, y personas generosas han encontrado a quién ayudar.

Para más información sobre La Casa de mi padre visita su sitio web. También visita su pagina en Facebook o llama al 2224 5470.

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